el misterio de la oficina caoba

El misterio de la oficina caoba

Capítulo 08

Las cámaras de seguridad

Algo interesante en las cintas que ha traído el guardia de seguridad? —preguntó a Vicente Vázquez, corpulento, cara ancha, pelo largo y con traje. El perfecto perfil de matón a sueldo, aunque en realidad no era más que un cacho pan y, al mismo tiempo, el responsable del departamento de Vídeo, Photoshop y Sonido (así como suena, o VPS para los vagos).


—Oh, sí. Sobre todo en la del ascensor. —Rebobinó el archivo de vídeo hasta el minutaje marcado—. Observa bien.

Joe Esparza se fija en la hora que viene registrada en la grabación. Las dos y diez de la madrugada. Se abre la puerta del ascensor, es la planta baja, y entra un individuo menudo ataviado de ropa ancha y un sombrero que le cubre convenientemente las facciones. Es demasiado bajito como para llegar a los botones de arriba, pero para sorpresa de Esparza se saca el hombrecillo de los pliegues de su ropa un listón de madera de medio metro con una mano de plástico en un extremo. La mano de pega tiene el dedo índice extendido, y con él pulsa con marcada pericia el botón de la planta 33.

—El gnomo de los cojones, se ha traído un alargador.

—¿Qué gnomo?

—¿Cuál va a ser? El recepcionista, claro. Gilberto Groo.

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—Me temo que no. Ya lo he comprobado. La cinta de la cámara externa que apunta a recepción a esa misma hora muestra al portero detrás del mostrador todo el tiempo. Mire...

—Cierto. Aunque no se mueve ni un pelo, Avanza... Eso es... Para. Mira, una hora después y sigue sin moverse.

—¿Alguien muy disciplinado que puede permanecer inmóvil mucho tiempo?

—Este tío ha puesto un muñeco para engañarnos. Encuéntralo, detenlo y tráelo para que venga a declarar.


Después de un tiempo incierto, Gilberto Groo, el gnomo jefe de recepcionistas de la Buitrera está en el CSIC, esposado y sentado en la sala de interrogatorios dotada de una pared de espejo-cristal y la calefacción a toda máquina. Delante de él, el capitán Esparza sin las gafas de sol, mirándole de manera acusadora. En las paredes no acristaladas, pósteres provocativos de Samantha Fox, Megan Fox y otras féminas no menos fox e igualmente provocativas, también clásicos como Beyoncé, Scarlett Johansson y las top models del momento.

—¿Sudas, pequeñajo? ¿Nervioso acaso? —le dijo Esparza mientras observaba como acababan de instalarle el polígrafo. El gnomo se agitaba intranquilo, sus pies no llegaban al suelo y tuvieron que ponerle dos cojines para que su nariz asomase por encima de la mesa.

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—Maldito, cabrón —masculló aquél intentando ignorar las imágenes lascivas de las paredes que le hacían subir aún más las pulsaciones—. Me han despedido del trabajo por su culpa. —Al hablar, bajo su nariz, la mesa de cristal se llenó de vaho.

—Todavía te pasa poco. Te lo advertí.

—Me dijo que cerrara el hall de la Buitrera. Que no pasara nadie, que era la escena del crimen. Mis superiores se enfadaron muchísimo y les dije que recibía órdenes del CSIC, pero al parecer usted...

—¡Silencio, canalla! —le cortó Esparza a sabiendas de que la sesión estaba siendo grabada—. Yo te dije claramente que el escenario era la planta 33 y que si veías algo raro en el hall que me llamaras... Pero no, quisiste hacerte el importante y sellar el hall. ¿Te han despedido? Pues nada, a joderse.

—Pero... —quiso apelar el gnomo. Pero Esparza dio un puñetazo en la mesa que lo hizo callar.

—No aceptaré las mentiras de un presunto asesino. Escucha ahora lo que voy a decirte. Tengo el vídeo de la cámara del ascensor, un tipejo subiendo a la planta 33 en la madrugada, pulsa el botón del ascensor con un jodido alargador, ¿y sabes por qué? Porque es tan jodidamente enano como tú. Porque ese tipejo eres tú.

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Esparza hace un ademán y alguien coloca un monitor en la mesa con las imágenes del ascensor en marcha.

—No se le ve ni un pelo al tipo del ascensor. Lleva sombrero. No soy el único bajito de esta ciudad. No pueden acusarme. No tienen pruebas. Ninguna.

—Eres tú.

—¡No! Yo no me moví de mi puesto, revisen las cintas de seguridad del hall.

—Eso ya lo hemos hecho, y sí, aparece tu silueta en tu puesto completamente estática. Un puñetero muñeco, ¿verdad?

Un mando a distancia aparece de repente en la mano de Esparza. Éste aprieta un botón y aparece la vista de la cámara de seguridad del hall a la misma hora.

—Simplemente me muevo poco durante la noche, hay apenas trasiego de gente.

—Ya, entiendo. Y durante ese momento de poco tráfico no viste pasar a nadie sospechoso. Y lo que es peor, ¡te pasas cinco horas sin mover una pestaña! ¿Te crees que somos imbéciles?

Gilberto Groo suda un poco más, agita sus piernecitas y se echa sus manos esposadas a la cara, con desesperación. El polígrafo se vuelve loco y por el pinganillo Esparza oye al técnico que analiza esta serie de cosas poligráficas, y le dice que todo indica que el gnomo podría hacer una declaración importante, le falta un empujoncito.

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—¿Hay algo que desea confesar, señor Groo? —le incitó Esparza echándole el aliento.

El gnomo se derrumba y confiesa.

—Está bien... Hay... Una explicación para eso. Yo...

—¿Sí?

—Yo...

—¿Sí?

—Yo... Aprovecho la tranquilidad de la noche... para... para dormir.

—¿¡Qué!?

—No es un muñeco, soy yo. Duermo con los ojos abiertos y no pestañeo. Llevo haciéndolo desde hace un tiempo. Si alguien se acerca al mostrador me despierto, tengo esa habilidad. Pueden comprobarlo viendo las cintas de semanas anteriores, de meses antes incluso de que Vladimir Petrescu fuera contratado en la Peninsular. Si... Si mis jefes se enteran de esto, no me volverán a contratar jamás.

—Maldita sea... —masculló Esparza.

Sabía que si revisaba esas cintas encontraría exactamente lo que el gnomo había dicho. Tenía una coartada perfecta. No podía ser él. Pero la mala leche era más fuerte:

—Retenedlo las 72 horas reglamentarias. En la celda más cochambrosa. ¡A pan y agua! ¿Oís? ¡A pan y agua!

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“El misterio de la oficina caoba” y la portada del presente libro son obra de Víctor Martínez Martí y se encuentran bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported. Para ver una copia de esta licencia, visita http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/.
By Víctor Martínez Martí @endegal Starring Joe Esparza @esparzacsic Léelo directamente desde tu Kindle